martes, 12 de mayo de 2009

LETRAHUE (IV): CALENTAR LA PALABRA DONDE NACE EL FRÍO..

HOY: RELATO INÉDITO "PAISAJES" (LA PATAGONIA TE MARCA, COMO SI FUERA UN TATUAJE)



Imagen: Paso Cordova, ruta 6 camino al puente sobre el rio negro


La patagonia te marca, loco, como si fuera un tatuaje...
Eso me pasó hoy al sentir el primer frío en serio del año.
Por eso les regalo este relato inédito (de seguro, sujeto a reformas)
con todo mi amor para los cuatro o cinco lectores de este dignísimo blogcito.

...Hoy el paisaje me pintó por dentro. Grisecito claro, casi blanco estaba, como las volutas de humo que salen de los pulmones aburridos de las minas sin viaje en los cabarutos de la orilla de la ruta. Aguantando la esquina a las seis y media estaba, y el cielo, cuanto más cerca de uno más grande se parece. Claro, es mentira, ya me habían contado de chico que lo del “grandor” de cielo era verso.
Pero hay mentiras que sirven, dije en voz alta (en la esquina, cagado de frío) y pensé en casi ningún enamorado, y en casi todos los políticos… hay mentiras que sirven. Las mujeres con el guardapolvo de la fábrica, la maestra y los dos milicos que esperaban el bondi a esa hora, recularon… Se echaron un par de pasos para atrás y se miraron… y me miraron. Era claro que yo no hablaba para nadie (o para todos tal vez) pero me parece que les asustó ver mi epitelio grisáceo como la lluvia incipiente, como el cielo frío que me pintaba por dentro también… La Patagonia te marca. Ser de acá no es “probar suerte” El sur te planta, te respira, te pinta por dentro, loco. Las manos me calentaban el adentro de los bolsillos, y en el afuera uno respira soltando el aire despacito, para temblar menos en cada baile trémulo que el frío le marca a las mandíbulas.
El otro Bondi (si, son dos) hacia la zona rural me cambió el color, me replanteó un paisaje desde afuera para que adopten (y adapten) mis células de nuevo. Los hornos de ladrillo encendidos, los perales rojizos y los álamos dorados, los manzanos que no levantaron cosecha y están con los frutos huérfanos, asomando en los tallos como adornos navideños (ahora rojimarrones, ahora rojinegros)
No encuentro mi cara enfrente mío, en los vidrios del colectivo, pues soy el reflejo de eso que quisiera ver. Los demás me miran entre adormecidos de frío y asustados. Alguien que va sentado no es ningún alguien, es un reflejo de la ruta enmarcada por la fila estoica de los álamos sin hojas como un ejército de palo que custodia el camino. Es como una postal con ropa, cagándose de frío en el colectivo entre las chacras.
Respirando, si. Pero no gente, lugares nomás. ¿Cuál de sus brazos será el río? ¿Por donde respira si es todo imagen? ¿Por qué le vendieron boleto a un paisaje?
La gramilla congelada en la banquina, los sauces llorones sin verdor ni llanto, aflorando como fantasmas desde la niebla que levanta el río. La cortina de vapor oculta el fondo del paisaje y no se ven las bardas.
Entonces ya no me queda otra que ser niebla. Y eso soy cuando desciendo, a poquito nomás de la sala en que trabajo, un manojo de niebla, gramilla congelada, barda escondida entre la bruma, y primera lluvia entre los palos secos del otoño.
Hay una mujer con su crío en brazos. Vino, vaya a saber de donde, sorteando los surcos y cortando camino entre las chacras sin dueño para acortar el viaje. Mujeres parcas, de poco hablar, de la cabeza gacha y del no mirarte. Del no quejarse. Del aguantar.
Viene pintada también del color con el que trabaja, fruto, tierra, semilla. Mujer hacia adentro...
El pibito tiene la cara marcada por el frío, la punta de la nariz, pero mas que nada las orejas. El sabañón es rojo y pica al principio, después se seca y la piel se pone blanca y se cae, se deshoja. Me miró con la cara iluminada como si yo fuera un hado madrino y sonrió tan largamente que las boqueras se les pusieron tirantes. Abrí la sala y los convidé a pasar. La mujer estaba algo incómoda por la risa desvergonzada del chico.
- Recién no quería ni hablar y tanto que lo agarró de golpe ahora la risa ahora.
El pibe aspiró una bocanada para renovar oxigeno y seguir con la carcajada.
-Mirá- le dijo a la madre señalándome-se le ve el cielo, y la ruta, y el río.

Carlos Sandoval
Mayo 2009

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias!! hermoso el viaje que nos pintaste y creo que estuve ahi.

Carlos dijo...

gracias anónimo!!
es un placer saber que es bien recibido mi laburo.
Eso sí, taría bueno saber los nombres de los anónimos... Los nombres comunican y acercan a la gente, crean nexos... cortan alambrados

Las bibliotecarias dijo...

Muy bueno cómo termina. Hado madrino también está muy bien. Y la foto refuerza el final, lo dice de otra forma.

Ese momento previo a cruzar el puente de Paso Córdoba, lo que se ve en la foto..., qué lindo acá tan lejos ver eso, así de golpe, en el laburo.

Muy lindo, Carlos

Saludos

Silvia Castro

Daniela dijo...

Gracias por el relato del paisaje, me parecia estar ahí...esperando el colectivo , muerta de frio....hermoso...te felicito!!! so 10...jajajaj (salio la maestra)
Muy bueno lo que hacés, muy bueno que lo compartas, gracias por este momento....que te sigan inspirando las cosas simples de todos los días...
Un abrazo
DANIELA

Carlos dijo...

SILVIA: Me alegra mucho que te haya gustado, espero que te haya llegado entre los renglones alguito del aroma de las chacras en las mañanas lluviosas de otoño.
Yo también adoro el lugar donde trabajo, aunque la "burrocracia institucional" por ahi me mueva a otro lado.
Pero me siento tan parte de ese lugar, como las piedritas de la orilla en las que suena el río.

Carlos dijo...

Seño DANIELA: Gracias por el SO 10
Mañana le traigo una manzana
Jah!!
Saludos Dani para vos y tu flia.

Silvia Castro dijo...

un día estábamos en una reunión de docentes en el colegio, traen el café y los saquitos de azúcar tenían mensajitos

el mío decía:

el secreto de caminar sobre el agua es descubrir dónde están escondidas las piedras

si, claro, que suene, que suene lindo el río

se escucha de acá


saludos!

Silvia



pd: ya te pusimos en El Coirón:

http://elcoiron.blogspot.com/

Carlos dijo...

SILVIA:
Caminemos entonces sobre el agua, o seamos nosotros las piedritas sumergidas que hacen el camino para aquel que se anime a andar.

Gracias por tus palabras tan pan, tan alegria, tan siempre así
PD: pasé por el coirón.. gracias

Carlos Sandoval dijo...

eeehhhhhhh!!!!

olga dijo...

Durante los cuatro años que tabajé como maestra rural,esperé los mismos y helados colectivos.Vi iguales o parecidos rostros marcados por el frío, ser patagónico en el valle es algo muy distinto a lo que aparece en el folleto ofrecido al turista internacional.
Buena imagen de lo que no se ve...pero se siente hasta en los huesos.

Carlos Sandoval dijo...

Gracias olga
"Se siente hasta en los huesos" decvios vos... yo agrego que "los marca también" y me parece que el suelo reconoce las marcas que deja en nosotros .. por eso mismo creo que en virtud de esos cuatro años de docencia rural, debe haber algo en el suelo, la gramilla helada y crujiente, y el vapor de las respiraciones del lugar, que de vez en cuando te extrañan.
PD: Si sos la mosma Olga del relato de la arriera, doña natividad, entonces doblemente gracias, por pasar de visita y por haberla escrito.

Carlos Sandoval dijo...

que lo parió che, que mal estoy escribiendo...
es que mi teclado tiene casi todas las letras borradas y por ahi aprieto cualquiera ¿Jgyjhsdiuiuhiumoejyrfgfgasn?
bueno