viernes, 16 de octubre de 2009

Atarceder en el barrio de los niños vampiros

Hay un momento del dia

en que el mundo parece que quisiera decirnos algo.

Ese momento, sublime o fatal,

en el que el tiempo queda suspendido

y la misma tierra contiene la respiración.

Y retrasa el suspiro, lo contiene mientras los pajaros

van buscando lugar entre los árboles para hacer noche.

La brisa del sur se para en seco.

¿que cosa es “eso” que el aire quiere decir cuando se queda tan quieto,

y el barrio se inunda de un color espeso que va del dorado,

a lo saguíneo y al púrpura?

Esa cosa indescifrable ahí, cuando el dia ya termina,

pero la noche todavía no empieza.

Cuando el tiempo parece encapsulado

entre la última respiración amarilla del sol

y el nacimiento de las estrellas fugaces…

Ahí, cuando la tarde se recuesta

y uno busca con la vista porque sabe

que puede mirar de frente al sol sin dañarse los ojos…

La gomería en medio de la nada

el almacen cerrado por duelo, la rotonda de la virgencita

el olor del pan casero

el sol incapaz y anémico

escondido detrás del humo

que el valle escupe sobre la ruta

como un alarido

en las noches de helada

...Ahí nomas está,

tan facil y tan difícil ,

el último lugar mágico que todavía es posible…



Carlos Sandoval, marzo 2008.
Fotografía: Agustin Sandoval (septiembre 2005)

domingo, 27 de septiembre de 2009

Marcas de nacimiento


El sur nos reconoce en la impronta que nos deja.
Cada huella nuestra en el suelo,
es tambien algo del suelo en nosotros.
Las sombras congeladas,
el vapor de las respiraciones invernales,
el silbido de la jarilla
en el polvo finísimo del viento.
La caminata descalza
sobre las piedras calientes
de la orilla del canal en la siesta del verano,
y las guaridas vacías sin piso ni techo
de los golondrinas cuando termina la cosecha,
determinan las marcas de origen
que llevamos anestesiadas
hasta que el narrador las despierta.
Quien cuenta una historia descubre, redescubre,
las cicatrices mutuas de la relacion entre los hombres y las cosas.
El narrador hace atajos,
facilita el encuentro,
corta alambrados.
La barda tiene la memoria de las cosas inertes
que el sur estampa sobre nuestros cueros como un tatuaje:
eclipses,
la luna en el canal vacío,
chacra florecida,
la adivinación de las estrellas fugaces,
... y vos , Negra, siempre vos.
Texto: Carlos Sandoval
Imagen: el obturador miope- belendelabarda.blogspot.com

viernes, 11 de septiembre de 2009

Yotivenco 2 (los recuerdos que trajo el frío)


Fragmento del segundo capítulo de la novela YOTIVENCO (el uno está por ahi, mas abajito) ... disfrutenlón:
...Despacio, pensando venía, volvía caminando de la trasnochada. El pantalón, perdía el color a la altura de las pantorrillas y bajaba en degradé terroso hacia los tobillos.

Todo color se torna terroso

entre la bruma de polvo

que envuelve a los bailarines de la rodilla hacia abajo,

como una porción de cielo que baja,

o de infierno removido que sube,

a entalcar la bailanta de galpón entre las chacras.

Le gustaba el otoño para arrastrar los pies, abriendo un surco entre las hojas que el viento traía desde las chacras. En eso venía pensando, en el otoño del año pasado, en la vuelta de un baile. Habían estado bailando en silencio. No hablaron nada durante el baile y ahora en el camino tampoco, al menos no con palabras. El baile pululaba entre pasodobles, cumbias y rancheras, y para ellos todo era lo mismo, sonaba igual, se bailaba igual, abrazados y sin dejar de mirarse… sin hablar.

Afuera de ellos dos, el mundo latía en la danza curva de hombres con la tierra pegada en el sudor y mujeres parcas de rostro serio y cuerpo alegre. Al final de cada pieza, cuando los bailarines aplauden al acordeonista y al guitarrero, ellos dos no se soltaban. Fueron inmunes a la inseguridad de los empujones de los borrachos primero y al vaho de los vómitos etílicos después. Cuando se diluyó la bailanta caminaron un poco y se preguntaron los nombres… recién ahí se conocieron las voces.


Ella habló del frío buscando una respuesta que tal vez nada tuviera que ver con el clima. Él sugirió algo que no necesitó palabras y se abrazaron.
Se sabían el nombre nada más, el nombre solo, y se abrazaron. Apenas si se conocían, igual los dos se llamaron a la desvergüenza.

Las hojas molidas en el suelo hicieron un pacto con los cuerpos desnudos para intercambiar color por aroma, tibieza por frío, amor por amor. Quedaron entonces ellos del color de las hojas, y las hojas tomaron el aroma de los cuerpos.
No pensaron que se venía la amanecida, iluminándolos ante la vista de los pájaros y la quietud de los de los álamos. De alguna manera el la envolvió. La encapsuló en un abrazo para alejarla del frío del amanecer otoñal y del frío de la existencia. Se pusieron a resguardo de todos los fríos, abrazados, y se hicieron invisibles.

Texto: Carlos Sandoval (de la novela "Yotivenco")
Imagen: gentileza de http://www.dekorarte.com/ (la web no menciona el nombre del artista)






domingo, 6 de septiembre de 2009

Lo que guarda el Canal Grande

Secreto Nº2:
Los Tres Álamos (La memoria del agua)


Cada tramo del canal toma el nombre de aquello que lo identifica, de esos detalles del relieve en las orillas, o de los rastros humanos que lo distinguen. Así va, rebautizándose acorde a las construcciones que lo cercan, o la naturaleza que vive en sus orillas. Los tres Álamos, canaleta roja, pozón de Parra, orilla del sauce viejo, la pasarela amarilla, la usina, la bomba del regador etc.

Sobre el costado sur del canal grande, a unos treinta metros del puente de la San Juan, quedaban tres álamos de cuando todo era chacra. La cuidad ganó terreno y alguien los dejó ahí

Cuidaban la orilla,

largos, silenciosos y expectantes.

regados al secreto residuo pegajoso

de feroces calenturas furtivas.

Grabando en la oreja de sus cortezas

el bullicio de los pibes que pasan flotando

entre la jangada de manzanas (recién halladitas)

Salpicados por las zambullidas

de los dueños de los vaqueros recortados

y los tatuajes mal escritos con el nombre de algún amor

en aguja de coser y tinta china.

(De esos amores que vuelven como una maldición

cada vez que uno se mira

creyendo que la piel, al igual que uno,

también puede olvidar)

Ahí estaban desde no sé cuándo. Cicatriz en la corteza de corazones mal tallados con el nombre de algún él y alguna ella en el centro, atravesados por una flecha. Troncos de cáscara grisácea con meadas resecas de los pescadores de tarrito y lombrices, vomitónas y escupitajos evaporados de los borrachines de paso.

...Desde el puente de la San Juan se ve la zona, ahora toda cementada y ya sin álamos (dicen que con luminarias y pastito se va ver lindo) pero sigo viendo el reflejo de los tres árboles sobre el agua. La memoria del canal puede mas que la ausencia.

Cerca del puente de la Avenida Roca, a veces veo una imagen fantasmal de sauces que no están y me dan ganas de colgarme de las ramas inexistentes y hamacarme en el agua mientras los remolinos de la correntada te suben por el lomo…

Texto: Carlos Sandoval -06 de septiembre 2009

Fotografía: Agustín Sandoval (Junio 2005)

miércoles, 26 de agosto de 2009

Letrahue IX- Ellos (2) El Cabito ferreira






Ellos (2): El Cabito Ferreira

Ferreira era Cabo de la Colonia Penal U5 cuando lo del cincuenta y cinco.

Se negó a apoyar el derrocamiento a Perón porque eso venía con el bonus track de garrotear al peronchaje del conventillo de barrio Norte (Frente al Canal grande, a media cuadra de la Usina, él también vivía ahí)

Alguien le hizo una seña a un esbirro, y al cabo Ferreyra la oscuridad lo fagocitó…

De las peripecias vividas cuando lo llevaron se sabe poco. De esos infiernos es poco lo que se sabe, bastante lo que se esconde y muy de mucho lo que, por mecanismo de defensa alma atormentada, se olvida sin mas ni más.

Una vez desaparecido se lo dio por muerto acá en Roca. Los que lo largaron en los basurales habrían creído lo mismo.

Inconsciente y febril Ferreira pasó hecho nadie entre la horda que revuelve basura para comer en Buenos Aires. La cuidad lo retuvo anónimo en sus fauces un tiempo… y lo escupió.

Puesto que olvidó su nombre, su casa, su causa y su lugar suponemos que volvió traído mas por el instinto que por el recuerdo. Apareció una tarde hablando incoherencias, meado y con una ropa sin edad ni color, lamiéndose las mataduras de los nudillos macerados como un perro viejo.

Cabito Ferreira habla a los gritos (saluda a los gritos, piensa a los gritos) En rueda de pordioseros alardea de que en una oportunidad Perón lo saludó dándole la mano.

Nunca mendigó. Juntaba la mugre que tuviera algún resto alimenticio y ni bien mascaba por un rato los pegotes verdosos se mostraba caritativo a los transeúntes.

Sacaba un bollo grisáceo de su bolsa y después de olerlo un poco, lo ofrecía al prójimo sobre su mano extendida:

- ¿Una empanada?... Cebolla... ¿Le gusta la cebolla?... ¿No quiere un cachito de pan?

Buceaba con la cabeza hundida en los canastos de basura de las confiterías y los bares para empinarse lo que hubiera en el fondo de las botellas vacías. La mezcolanza ardía en el estómago pero calentaba hasta los pies.

Se alejaba enredado entre el bolserío que siempre le cuelga de los hombros y los brazos. Bolsas llenas de basura, comida, papel de diario y envolturas de caramelos.

Pensaba a los gritos (siempre piensa a los gritos)

-¡Viva Perón, diosito!... ¡Tráiganme el revólver, carajo!

De cuando en cuando se trepaba a la punta del edificio ese que está frente al hospital, y que nunca se terminó de construir.

Gritaba atrocidades desde lo alto

con la bragueta mojada y los brazos abiertos,

como queriendo volar de la locura

y descolgarse afuera, lejos.

Como un fantasma de él mismo

... Como el olvidado que era nomás.

Cada tanto lo veo por ahí, pero me dicen que el Cabito Ferreyra murió hace mucho y que son otros cirujas que saludan cuando les digo “como va don Ferreyra” porque los crotos saludan a cualquiera que les hable. Que el Cabito no ha de ser, me dicen, salvo que yo ande por la vida saludando fantasmas.

Que sabrán estos, digo, si los ven a todos iguales.

Carlos Sandoval

Otoño 2003

Imagen:www.chelocandia.blogspot.com (Gracias de nuevo Chelo)

viernes, 14 de agosto de 2009

letrahue VIII: La Violeta


LA ENFERMERA VIOLETA


Violeta estuvo un tiempo en las afueras de Laguna Blanca, haciendo para los lugareños las veces de agente sanitario, enfermera, partera y si la urgencia lo requería, también médico.


Manejaba una ambulancia desvencijada en un paraje frío y ajeno al beneficio de la ayuda social porque reditúa muy pocos votos, demasiado lejos de cualquier lado. Los escasos habitantes desperdigados en ese tramo de meseta patagónica, rara vez supieron de elecciones, aunque en los registros oficiales figuran como asiduos votantes, tanto ellos como alguno que otro pariente o vecino muerto. A la Violeta la “volvieron” al hospital de la cuidad cuando por esto de los votos hizo muchas preguntas al comisionado de la zona, que era también juez de paz y retiraba la documentación de aquellos que en Laguna Blanca se apagaban por picaduras de alimañas, entreveros a cuchillo, partos malogrados, o endurecidos por la helada durmiendo campo afuera. Ella los vio en el padrón, marcados con la crucecita del sufragio cumplido.


El mejor recuerdo de la Violeta: Los nacimientos. Hechos en el puesto sanitario o en la casa de las madres, de apuro en la parte de atrás de la ambulancia, o a cielo abierto en el reparo un cauce de lluvia seco entre las jarillas. Le avisaban por radio, o venían de a caballo. Violeta salía en la ambulancia llevando, además de lo necesario el parto, la estufita a querosén para calentar la pieza de adobe fría por la intemperie, y una botella vacía por dudas.


Es costumbre de las madres de la zona soplar una botella obteniendo un silbido de tono bajo después de que nace el niño. Antiguamente, la hoy botella sería una vasija de barro hecha solo para estos menesteres, que se transfería de mujer a mujer, de preñez en preñez. La creencia de estos lugares dice que al sacar silbido sereno de la botella, los espíritus circundantes ayudan a desprender la placenta de la madre, sin los riesgos que padecen hoy las que dan a luz bajo la tutela del progreso y la ciencia. Convocaban así a las entidades protectoras, que permanecerían de ahora en más velando por el niño, hasta que deje de serlo.


La familia del recién nacido concedía a la comadrona o partera, el honor de un nombre. De ahí que en laguna blanca todos tuviesen por lo menos dos nombres. El primero dado por su familia y el segundo por la partera. Aquel que tuviera un solo nombre por esos parajes de seguro era forastero, o bien la madre pasó solita el trance de los dolores y el alumbramiento.


La primera vez que Violeta se vio envuelta en tamaño menester, tuvo una imagen fugaz de un amor con quien le hubiera gustado tener un hijo, y bautizó al niño con el nombre de sus nostalgias.

Así, en un tiempo no muy largo, los niños nacidos en Laguna Blanca eran nombrados por Violeta con los nombres de sus antiguos amores.

Cuando se acabó la lista de aquellos por los que fue correspondida, Violeta siguió con aquellos por los que fue desairada. Agregó también a los que jamás supieron de su amor, porque había elegido entonces amarlos desde el silencio, puesto que alguna razón le impedía hacer pública la confesión. Violeta se ve al espejo, reconoce en la piel las marcas del tiempo y piensa en laguna Blanca. Sabe que en todos los niños nombra a sus amores de siempre, se ve a sí misma rodeada por los chicos que acuden a visitarla, sabiendo ella que por cada nombre que pronuncie, habrá un cosquilleo en el corazón.

...Entonces cree que ése es un buen lugar para envejecer.

Carlos Sandoval-Verano del 2000

Imagen: Agustín Sandoval- invierno 2006

lunes, 3 de agosto de 2009

Cortando alambrados- Borrachera Seca

Borrachera Seca




Estamos en síndrome de abstinencia.




En alto nuestros puños temblorosos




deseando, presurosos, llegue el día




de apretar entre los dedos copas llenas




de los cántaros hastiados del delirio,




del vino que genera la esperanza.




Derramarnos ya borrachos de la vida,




y brindar con el licor de la justicia...







Texto:Carlos Sandoval - Octubre 1990 (03:30hs)

Ilustración: Chelo Candia - Julio 2009

jueves, 23 de julio de 2009

Letrahue VII : Fragmento del Yotivenco

Yotivenco... (los recuerdos que trae el frío)




Me crié , hasta los cinco años de edad, en un conventillo en Barrio Norte a orillas del canal grande. Dos letrinas al fondo para todos los inquilinos (cuando nos dieron casita de plan no conocía lo que era un inodoro, y me asustaba mucho tirar la cadena)
De estas últimas jornadas de frio y nieve, con ricos esquiando felices y pobres recagados de frío, se me antojó compartir un fragmento de mi nouvelle (inédita aun) llamada "Yotivenco"

Amo desmesuradamente lo que hago para ustedes (aprendí que compartir hace libre, es sanador y corta alambrados) por eso deseo que lo disfruten ... ahi va





....-El invierno le congeló la sangre. Cuando te dormís al frío, primero la sangre se le pone perezosa a uno, y después no anda –
Así habló la Carmen cuando alguien en el conventillo preguntó por Gonzales. El viejo se había enroscado en las brumas de una borrachera que le impidió llegar hasta la puerta de la pieza.
Indiferente a su piel entumecida se tendió en el pasillo largo de tierra apisonada. Se durmió al rajo del frío, a cielo abierto, anestesiado y feliz.
Amaneció duro y con un brazo flexionado.

El sol era no mas que una franja insinuada en el cielo apático de los amaneceres invernales y Hebe ya se había levantado. Llevaba la taza de noche atiborrada de fluidos entre sus manos pequeñas. “Lo primero siempre es tirar las aguas” le habían enseñado, y si es posible antes de que los demás se despierten, que nadie tiene porque saber de las cosas de uno. Era el ritual acostumbrado antes del desayuno, antes de lavarse la cara incluso, había que deshacerse del bochorno.


El conventillo y la periferia de adobe, cartón y chapa que lo contenía entre sus calles sin trazo, respiraban vapores gélidos y espectrales que subían del suelo y la despertaban a ella en seco ni bien abría la puerta de la pieza. En las chacras cercanas cantaban los gallos y se sentía ya en el aire el humo de las primeras estufas encendidas. Eso, y la tonalidad gris que todas las cosas tenían en la quietud de esa hora, le bastaban para saberse despierta sin necesidad de lavarse la cara. Un frote rápido de sus dedos contra los ojos, era suficiente aunque la madre se enoje.

En la neblina que el frío alzaba sobre el suelo, tropezó. Algo le trabó un pié y ella desapareció repentinamente en la niebla. La tinaja con los líquidos se desprendió cuando la piba flaca quiso amortiguar el golpe con sus manos. La caída le deslizó los brazos adelante, raspando dolorosamente las palmas abiertas en el resbalón. Una vez que sus mejillas se despegaron del suelo giró esperando ver el tronco que alguien habría arrastrado hasta el patio del conventillo con la intención de tener leña. Siempre alguien traía de por ahí los restos de algún árbol caído y reseco, que después todos usaban para darse calor. Por eso quedaba en cualquier lado, porque no era de nadie, y era de todos. Nomás que ahí no había ni resto de leña siquiera. Hebe descubrió a Gonzales, enredado entre sus pies y todo mojado. La pelela se le había vaciado sobre el pecho.


Ya le había pasado antes. Otras veces había el pobre Gonzales, amanecido a la intemperie con su brazo de almohada. Ya le había tocado antes a ella, madrugadora desprevenida, toparse con el bulto desparramado de una resaca.
Ella se incorporó liviana y sin ruido para no despertarlo. Tuvo ganas de maldecir, pero lo primero, además de sacar las aguas, era el respeto por los mayores.
Cazó la pelela y salió pisando apenas el suelo para evitar la tendalada de improperios que le llovería en caso de Gonzáles despertara...


Texto:Carlos Sandoval
Imagen: gracias a urbatorium.blogspot.com

domingo, 12 de julio de 2009

Letrahue VI- Hoy: El atentado


...El viento de mediados de este Junio (no quiero saber como se vendrá Agosto) trae "cosas" mezcladas entre el polvo y los yuyos redondos que recuerdan a la muerte, sea en lo seco y espinoso , sea porque que recorren las calles sin asfalto ni nombre aún acá por donde vivo.
Y hasta los perros (y los ciegos) le hacen la gambeta.
Del cúmulo de aspereza que silba y pica en la piel por las piedritas, y llena de ardores los ojos
apareció este recuerdo de hace un par de añitos.
Aprovechen antes de que el viento le llene de arenita los ojos, y no quede otra que llorar y putear (ni se les ocurra refregarse)

.... Ahí va:

El atentado
(A veces el viento levanta la marea y el agua del drenaje sube por las cloacas)

…Entre el andar inestable de las flores
y las mariposas sacudidas por el viento,
los Generales indagan el terreno asustados,
cerrando los ojos a cada empujón de arena
que viento del mar les escupe en la cara…

Hoy todo amaneció al revés
Marrones pardos y rojizos resucitan semiblandos,
contrarios al empuje del remolino en cada inodoro
como si supieran nadar.
Los generales revisan el flotante asustados
y espían, del depósito a la taza y de ella a él de nuevo.
Los depuestos los miran sin ojos desde el fondo
y huelen sin narices el aliento de las voces,
cuando la tapa se levanta.
Y aguantan el aire para no tener que respirar de nuevo
el vaho de las fauces de aquellos que tienen voz
Y se retuercen de repugnancia ante quienes los alojaron en la visceral tibieza de la oscuridad interior.

Los Generales los miran volver y volver
como si la gravedad no existiera
en aquel fuerte junto al mar,
de quien el pueblo se disputaba las sobras murallas afuera.

Ahora, la milicada rasa que huyó indemne
del vómito pertinaz de los sumideros
hace cola en los burdeles de a cinco el polvo.
Que habrá permiso hasta que el viento de la vuelta, dicen,
y los regurgite de los cabarutos,
engominados de calostro como
almas recién paridas
con el fusil húmedo de cerveza,
la estampa de un labio seis perlado en la culata de madera
y los sudores de ellas
perfumando de agridulce los bigotes
como una cataplasma de sal, cebolla y miel
para las carrasperas del alma.

Hasta que la pólvora disipe los vahos féminos
que cada entrepierna selló en sus mentes,
valdrá la pena aquel día libre.
El día en que el viento eructó las cloacas a contramarcha
Y los Generales alucinaron el atentado
de un enemigo invisible y poderoso.

El día en que el agua y el viento
fueron terroristas en la jerarquía
y cómplices en la trinchera…

Carlos Sandoval
Marzo 2005

lunes, 6 de julio de 2009

DE LUXE (serie uno)







Me dije hace tiempo... que haría una serie de entradas "de luxe", con algunas pepitas de oro que los lectores, y amigos de otros blogs, al pasar me van dejando
Deseo abrir la "Serie Dorada" con mi hermano Victor Cumio, porque sus letras atraviesan la meseta, soplan la marea y paran de pechito al viento cuando es castigado por el sol y la sal , los vientos y los tiempos, regalando la sombra que tambien es la magia, que tambien es la palabra como refugio ineludible del alma.

I (Apertura)

Con cada giro

la llave abre instantes

de eternidad

IV (Agua)
El agua es seca
Pero solo en el filo
de su hondura abismal

VII (Pánico)
No poder verme
En plena claridad,
VIII (Autismo)

EL grito autista
Nos convierte en distantes
Restos de vida.

IX (Ausencias)
EN el silencio
Aparcan las palabras
De los ausentes.

XI (Sensibilidad)
ME hundo en el aire
Para sentir el roce
De su aleteo.
Eso si es pánico.
XIII (Sin ataduras)
NO atado a mapa
Estoy en estado óptimo
De trazar huella.

XVII (Desorden)
Tan perfecto orden
En corazón y mente
Me desordena.
XX
EL mar se aleja
Para que mi tristeza
Tenga lugar.

XXI (Liberad)
Estas cadenas
Se arrodillan ante
La libertad.

XXV
MIENTRAS me muero
Continúo buscando
Sin saber qué.
XXVI
PRESA de eclipse
La luz se las ingenia
Siendo luciérnaga.

XXVIII
BAJO la sombra
Del árbol que dibujo
Descansaré.

XXXIII
CON la cabeza
Hemos decapitado
Al corazón.

XXXIV
NO se soporta
Tanto olor a recuerdo
Entre estas sábanas.


XXXVI (Autorretrato)
ESCRIBO versos
Hurtándoles la vida
Que reproducen.

LIV
DE tanto ver
El sentido del tacto
Se nos olvida.
LXIII
CANALLA sol
Oculta en tu crepúsculo
Te la has llevado.

LXIX
BENDITO sol
Que no tarde en abrir
Sus muslos alba.
Nota: La imagen del árbol es por el poeta, ... Y la foto también

miércoles, 1 de julio de 2009

Ruidos de pos acá 2 (Mirá donde estamos!)

El sonido no es de lo mejor, pero los artistas tampoco....
Aquí yo, apaleando una guitarra en una tarde de junio, y mi vieja Norma Beatriz trayendo pájaros desde la nada.


Ya que estamos, que algunos lectores tomen la imagen como una presentación formal ya que no me había mostrado hasta ahora en este, mi blogcito.
Como siempre, recuerden que los bloggeros nos alimentamos de vuestros comentarios, anímense que no muerde.

viernes, 26 de junio de 2009

Pastillitas para la memoria


La mano que me mata, no me llega
ni al límite mas bajo de mi hombría,
aunque me arrastren rojo en las veredas
con una flor abierte a sangre fría
(Junio- Jorge Fandermole)


...A siete años de la muerte de Maxi Kosteki y Darío Santillán, vayan estas pastillitas como ayuda memoria porque el viento suele raspar con arenita algunos rincones del saber popular
Hoy, que los medios apabullan con la muerte de Michael Jackson, y su nariz de goma, su pigmentación química blanquecina y su esfínter anal de caucho retanteado, no sería malo mirar hacia adentro, que siempre hay un lugar para aprender, recordar y amar.

Aprender para saber,
recordar para amar,

amar para sobrevivir.
Sirvanse:
  • Alfredo Franchiotti, aseguró que sus fuerzas no portaban proyectiles de plomo y acusó a los piqueteros de disparar con armas de fuego”.
    El Gobierno cree que hubo infiltrados entre los piqueteros” y “El presidente, golpeado, sospecha de una escalada de violencia organizada”

  • Alejandro Acosta -uno de los imputados por doble homicidio- se defendió responsabilizando a su ex jefe Alfredo Fanchiotti. “A esos negros de mierda hay que matarlos a todos, me dijo el comisario inspector”

  • "Entonces yo corrí 20 o 30 metros por Alsina y regresé. Vi al comisario inspector herido en una de sus orejas. Le pregunté si lo llevaba al hospital. No quiso. Me dijo: ´Abrí el móvil´. Y agarró las postas de guerra. Yo le pregunté qué iba a hacer. ´A estos negros de mierda hay que matarlos a todos, me contestó".

  • Acosta aseguró que Fanchiotti. "Me dijo que llevara su arma a la armería para limpiarla y que el armero golpeé la boca del percutor. Yo le di una mano al armero, que agarró una escopeta con desperfectos y le cambió el mecanismo".








Fuente Periodística: http://lavaca.org/ (“Franchiotti mató a Santillán)
Imágenes:www.frentedariosantillán.org


viernes, 12 de junio de 2009

Radio 4: Juan Raul Rithner

Paridor de poesía y cortador de alambrados, señores, el poeta Juan.

Sus escritos nutrieron a cineastas, teatreros, titiriteros... Hace rato que viene cortando alambrados con poesía, radio, novela, cuento y premios... muchos premios.

Su casa está llena de libros, de ángeles y de luces.
El tipo de barba entre cana y existencia entre sufrida sabe parirse a si mismo y salir andando con los primeros soles, después de haber muerto cada noche.
... Con ustedes Juan Rithner, escritor Patagónico, poeta y amigo.

Homenaje de perros: en 1999 se realizo esta produccion de radio para homenajear a escritores patagónicos en el programa "Perros de la calle". Aquí, junto a Cecilia Colillán le tiramos el el primer dardo a Juan Raúl Rithner... y salió mas o menos así



Algún tiempo después, ya en el 2008, el poeta pasó por el programa "el umbral" (misma radio, che) . Estuvo compartiendo una conversación mágica en "El recinto Sagrado" y dejó para todos este regalo


Si usted lo nombra, por la ventana le va a entrar el olor del mar aunque esté en el alto valle,
y un color azul en el aire, vaya uno a saber por qué.
El narrador anda suelto, detrás de su barba entrecana y su voz pastosa.
Los ángeles y demonios que lo conforman se reconocen por su voz ronca, como él.
Es cierto, poeta.... hay un lugar en donde dios y el diablo juegan a la ronda.
...Ya lo encontré...

viernes, 5 de junio de 2009

Letrahue V : Lo que guarda el canal grande

HOY: Secreto 1: Kung Fú (a todos los nacidos y criados en Fisque menuco)
...“El pelao cun fú”… así lo llamábamos los que después de cada capítulo salíamos a romper palitos secos que dejaban caer los “árboles de pelusa” (aún hoy no se como se llaman)
La ramitas se apoyaban sobre una base dos ladrillos o piedras, o palos más gordos de los que dejan como para sentarse, y se les daba el golpe de gracia con el canto de la mano.
El palito escuálido se rompía en dos, y uno se levantaba del lugar orgulloso de su efímera victoria pero con el rostro inexpresivo, igual que el “pelao cun fú”.
Siguiendo el borde del canal ( una eternidad desde la placita entre Misiones y Kennedy) se llegaba al puente de la San Juan.
Otra eternidad mas allá, estaba la Canaleta Roja. Ahí nomás empezaba lo de Verdechia. Una chacra con manzanas de las rojas, las verdes y de las otras (unas amarillas color palote, medio ácidas y siempre arenosas, pero a mi vieja le gustaban)
Hoy se asienta allí la Villa de las artes y el afamadísimo IUPA (Instituto Universitario Patagónico de Arte).
Nosotros aprendimos a entrar sin ser vistos, como el pelao cun fú.
No había tiempo de elegir, manoteábamos apurados entre los surcos hasta donde nos daban los bracitos y se llenaba la improvisada bolsa que armaba la remera dada vuelta a la altura de la panza. No sé si entraban muchas en mi remera, pero lo que sí, yo me aseguraba de que fueran todas, de las verdes, de las rojas y de las otras (unas amarillas color palote, medio ácidas y siempre arenosas, pero a mi vieja le gustaban).

Aprendimos a salir cargados sin hacer ni un ruido,
como el pelao cun fú.
Y a deslizarnos como lagartos hacia la orilla del canal.
Soltábamos la carga de las remeras en el agua.
Y nos veníamos a perrito por el medio,
sin temores de la hondura verde del canal grande
que abraza a los desprevenidos por las patas,
los acalambra y los hunde.
Cada quien con su pequeña jangada de manzanas,
mecidos al antojo de la corriente
en el medio del canal principal de riego
al que porteños y corobeses recién llegados
lo llaman (lo creen) río.
Y atravesábamos flotando las dos eternidades
desde la canaleta roja al puente,
Frente a la casa
las manzanas volvían a las remeras
como los canguros bebés a las bolsas de sus madres.
Y depositábamos el botín sobre la mesa para que todos comieran,
elegíamos un lugar para nosotros
sin hacer alarde ni aspaviento de la cosecha fácil,
ni la travesía de la doble eternidad sobre el lomo del agua
y nos quedábamos en el molde , loco, como el pelao Cun fú.
...Bien valga el recuerdo a don David Carradine (kung fu) y a los otros que hace rato no veo y soliamos de chicos ir a robar manzanas protegidos por el canal gande (Sapo, cabeza, tele, ceboya, carucha, yonca, oreja, el chepa, el pelusa y marciano)

miércoles, 27 de mayo de 2009

Comentario ilustrado en el blog del Chelo Candia

Le juro que si ensaña,

muerte, con mi corazón

El día que me caliente

entro a perseguirla yo

("La muerte", José Carbajal)

Un día salió una charla, de esas que uno le dedica a la muerte ¿vio?
Fue en el blog del Chelo (http://www.chelocandia.blogspot.com/)
Es dibujante, artista plastico, muralero (¿o muralista?) productor para radio, escritor y buen tipo. La cosa nació de un dibujo suyo y terminó también en un dibujo suyo (que mejor final para esos principios como la propiedad simétrica de la matemáticas)

Carlos dijo...
En la amistad y el amor hay ciertos encuentros de una intensidad de punto cúlmine. ES ahí cuando la muerte se caga en las patas de vernos tan plenos.Es ahí cuando somos inmortales, aunque mas no sea por un ratito.
28 de abril de 2009 17:36
Chelo Candia dijo...
Carlos: gracias por tus reflexiones, es cierto, el amor y la amistad son buenos remedios contra casi todo... (Digo "casi" porque no sé si funcionan contra la Gripe Porcina y el Dengue)...

Publicacion del 24 de mayo de 2009:
El Comentario Ilustrado de hoy corresponde al lector Carlos y lo hizo en esta entrada
"Hay muertes grosas para tipos que lo son, y a la inversa también (...) Una muerte superpoderosa pa tipos como el che o frida kalho (...), y una muertecita sorete para los y las moria casán, susana gimenez , tinelli, macri, verani, saiz, etc etc (...)"

A esos soberbios empedernidos, exegetas del bostezo alimentados a pura guita, tv y mierda no les vendría mal encontrarse con sus verdaderos "yoses" el día en que una excreta humeante le diga "te llegó la hora... y soy yo a quien te has ganado"

lunes, 18 de mayo de 2009

... Gracias

... La puta madre viejo, te vamos a extrañar.


Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.
(Chau Numero tres, Mario Benedetti 1920-2009)

domingo, 17 de mayo de 2009

Radio 3: El poeta Victor Cumio en El Recinto Sagrado

Hacía unos pocos días que el escritor Victor Cumio era el flamante galardonado del Certamen Internacional de Poesía de La Coruña (España) con motivo de los 400 años del Quijote de la Mancha
El poeta Roquense por adopción, nacido en cercanías de la meseta de Somuncurá, se asomó a "El Umbral", y dejó unas palabras en "El recinto Sagrado".
Tras su paso riquísimo por el programa de radio, quedaron un par de duendes, dos o tres ángeles, y una (una sola) musa que le andaba atrás, caminando en silencio, esperando el guiño del poeta enorme.
...Habla con una cierta timidez de sus premios, de su inclusión en el libro de poesía "Antología Poética Roquense" y por supuesto, de La Coruña.

Nos presentó un texto que aquí va para ustedes, extraido del recinto en la voz del poeta.

"Fruto del vacío" (Victor Cumio)





Víctor fue agente sanitario, luego enfermero, luego licenciado en enfermería.
Su espíritu inquieto lo llevó a estudiar Comunicación Social y luego Derecho.
Como era la costumbre de nuestro programa de radio, quienes pasaban por el recinto sagrado dejaban allí un regalo. Y éste es, inmaterial y sustancioso a la vez, el presente del poeta para la audiencia, y para ustedes ahora.

regalo Victor Cumio




De lo mucho que se podía extraer de la charla con Victor, tuve que elejir un concepto solo.
Encontré la palabra libertad en la voz del poeta, y entonces la traje nomás.




Como siempre, recuerden que los bloggeros nos alimentamos de los comentarios que vos dejás después de servirte este pancito compartido. Animate. Gracias

martes, 12 de mayo de 2009

LETRAHUE (IV): CALENTAR LA PALABRA DONDE NACE EL FRÍO..

HOY: RELATO INÉDITO "PAISAJES" (LA PATAGONIA TE MARCA, COMO SI FUERA UN TATUAJE)



Imagen: Paso Cordova, ruta 6 camino al puente sobre el rio negro


La patagonia te marca, loco, como si fuera un tatuaje...
Eso me pasó hoy al sentir el primer frío en serio del año.
Por eso les regalo este relato inédito (de seguro, sujeto a reformas)
con todo mi amor para los cuatro o cinco lectores de este dignísimo blogcito.

...Hoy el paisaje me pintó por dentro. Grisecito claro, casi blanco estaba, como las volutas de humo que salen de los pulmones aburridos de las minas sin viaje en los cabarutos de la orilla de la ruta. Aguantando la esquina a las seis y media estaba, y el cielo, cuanto más cerca de uno más grande se parece. Claro, es mentira, ya me habían contado de chico que lo del “grandor” de cielo era verso.
Pero hay mentiras que sirven, dije en voz alta (en la esquina, cagado de frío) y pensé en casi ningún enamorado, y en casi todos los políticos… hay mentiras que sirven. Las mujeres con el guardapolvo de la fábrica, la maestra y los dos milicos que esperaban el bondi a esa hora, recularon… Se echaron un par de pasos para atrás y se miraron… y me miraron. Era claro que yo no hablaba para nadie (o para todos tal vez) pero me parece que les asustó ver mi epitelio grisáceo como la lluvia incipiente, como el cielo frío que me pintaba por dentro también… La Patagonia te marca. Ser de acá no es “probar suerte” El sur te planta, te respira, te pinta por dentro, loco. Las manos me calentaban el adentro de los bolsillos, y en el afuera uno respira soltando el aire despacito, para temblar menos en cada baile trémulo que el frío le marca a las mandíbulas.
El otro Bondi (si, son dos) hacia la zona rural me cambió el color, me replanteó un paisaje desde afuera para que adopten (y adapten) mis células de nuevo. Los hornos de ladrillo encendidos, los perales rojizos y los álamos dorados, los manzanos que no levantaron cosecha y están con los frutos huérfanos, asomando en los tallos como adornos navideños (ahora rojimarrones, ahora rojinegros)
No encuentro mi cara enfrente mío, en los vidrios del colectivo, pues soy el reflejo de eso que quisiera ver. Los demás me miran entre adormecidos de frío y asustados. Alguien que va sentado no es ningún alguien, es un reflejo de la ruta enmarcada por la fila estoica de los álamos sin hojas como un ejército de palo que custodia el camino. Es como una postal con ropa, cagándose de frío en el colectivo entre las chacras.
Respirando, si. Pero no gente, lugares nomás. ¿Cuál de sus brazos será el río? ¿Por donde respira si es todo imagen? ¿Por qué le vendieron boleto a un paisaje?
La gramilla congelada en la banquina, los sauces llorones sin verdor ni llanto, aflorando como fantasmas desde la niebla que levanta el río. La cortina de vapor oculta el fondo del paisaje y no se ven las bardas.
Entonces ya no me queda otra que ser niebla. Y eso soy cuando desciendo, a poquito nomás de la sala en que trabajo, un manojo de niebla, gramilla congelada, barda escondida entre la bruma, y primera lluvia entre los palos secos del otoño.
Hay una mujer con su crío en brazos. Vino, vaya a saber de donde, sorteando los surcos y cortando camino entre las chacras sin dueño para acortar el viaje. Mujeres parcas, de poco hablar, de la cabeza gacha y del no mirarte. Del no quejarse. Del aguantar.
Viene pintada también del color con el que trabaja, fruto, tierra, semilla. Mujer hacia adentro...
El pibito tiene la cara marcada por el frío, la punta de la nariz, pero mas que nada las orejas. El sabañón es rojo y pica al principio, después se seca y la piel se pone blanca y se cae, se deshoja. Me miró con la cara iluminada como si yo fuera un hado madrino y sonrió tan largamente que las boqueras se les pusieron tirantes. Abrí la sala y los convidé a pasar. La mujer estaba algo incómoda por la risa desvergonzada del chico.
- Recién no quería ni hablar y tanto que lo agarró de golpe ahora la risa ahora.
El pibe aspiró una bocanada para renovar oxigeno y seguir con la carcajada.
-Mirá- le dijo a la madre señalándome-se le ve el cielo, y la ruta, y el río.

Carlos Sandoval
Mayo 2009

lunes, 4 de mayo de 2009

DRAMATURGIA 1
Bueno... esta no es mi primera obra para títeres pero si la primera que pude cargar con el power point.






"Una historia de la tierra" Narra el encuentro traumático de dos culturas y su posición con respecto a la tierra. De un lado el concepto de lo sagrado, total y auténtico de la tierra como gran madre y sostén de lo que és y lo que no es también. Y del otro lado, el concepto de de la tierra como propiedad, inversión, factor de dinero y por ende de poder.

Todo esto con un gran alambrado que desencadena la discordia ente los que están y los que vienen.

De paso... solo el amor libera, sana, salva y guarda.

De la mano de LA HUELLA TÍTERES" esta obrita anduvo por distintos parajes de Rio Negro y neuquén, después se cruzó a Chile... y un día pegó un salto hasta Ecuador.
PD: No olviden dejar su comentario, es gratis y le hace bien a este humilde y digno blogcito
...Que lo disfruten

sábado, 18 de abril de 2009

Letrahue 3

Una vez, amanecí...

En la edición Nº 8 de la revista digital "La Amanecida" se publicó este cuento mío, que acá traje para compartir. Eso si, tenés que sentarte a leerlo porque dura un rato....

La revista creo que está extinta, pero podés encontrar su rastro en
http://www.la-amanecida.rionegro/ (igual el enlace está arriba)

Bueno... ahi se las dejo. Que la disfruten
PD: Dejen su opinión que es gratis, anímense.

La Genoveva

- ¿Te vas a bañar, Genoveva?
- Mi marido anda afuera
- Que venga y se bañe, entonces
- Que no quiere bañarse, le digo. Que quiere comer nomás.
- Vos conocés el trato, si no se bañan no hay ropa ni comida.
Genoveva sale dejando una estela de algo irrespirable y amargo en los pasillos. Afuera el marido, el de esta semana, espera sentado lejos de la sombra, pidiendo calor al sol incapaz y anémico de los inviernos, al que las nubes le dan permiso un rato para que asome a descongelar el pasto y los techos.
Genoveva y el Cabito gesticulan afuera, en el jardín del hospital. Se los ve y se los oye a los gritos. Ella lo empuja, él grita y larga una trompada endeble y borracha que impacta en el aire frío, en la nada. Genoveva bufa un insulto resoplando vapor en el rostro del pordiosero que menea la cabeza en un inconfundible y mudo gesto de negación. La jauría que los acompaña se revuelve. Los perros irritados muestran los dientes con los pelos del lomo erizados. Hay bocinazos de los que ingresan al hospital y los que van saliendo también rezongan que – “Como es posible que nadie hace nada con esta gente, che. Es un peligro esto... y los perros encima...”-
Marta, la enfermera de los ojos claros, los ve desde la ventana y sonríe. Ella tenía un acuerdo de palabra con los pedigüeños despojados de toda costumbre urbana. A cambio de que se den un baño higiénico y se dejen despiojar un poco, les ofrecía alguna pilcha recién donada y una bandeja de comida robada al comedor del hospital.
Solían llegar tímidos y hablando bajo. A veces de a dos para apechugar la mezcla de miedo y repulsa a la institución (a cualquier cosa instituida)
Preguntando -¿ la Martita?- esperaban la respuesta haciéndose chiquitos contra alguna pared mirando al piso y sujetándose las manos sobre el abdomen, como meditando alguna cosa para no mirar a nadie. Y así, afeitados, con la sarna recién curada y sin llenar los pasillos con el penetrante vaho ácido que emana de los cueros teñidos de orín añejo, conseguían que el sereno los dejase dormir en algún banco de cemento del hall central, porque afuera la helada mata los dedos de los pies y llena el pellejo de sabañones.
-Te vas a cagar de frío, pelotudo -gruñó Genoveva
-Que se bañen las mujeres -concluyó Cabito Ferreira- Total yo como acá y después duermo afuera.
-Que la Martita no te va a dar nada si no te bañás, te digo. Te vas a morir como el Albino - Genoveva pegó donde dolía alumbrando miedos escondidos al invocar al frío y la muerte, aunque la preocupación mayor de los dos fuera lo primero y no lo otro.
El albino fue un ucraniano – polaco – alemán - ruso o cualquier nacionalidad que le adjudicaran aquellos que decían conocerle algún origen, sin que nadie jamás pudiera acreditarlo. -Vino escapando de una guerra -decían. O que era un hacendado muy rico al que una peste le llevó la familia entera. Se caminaba el pueblo con un canasto de mimbre en el bracete, que adentro tenía un par de ristras de ajo y unos cuantos huevos desperdigados. Lucía unos dientes grandes y amarronados, la nariz prominente llena de puntos negros y la mitad de la boca eternamente ocupada por un cigarro tipo habano, grisáceo y reseco, al que muy rara vez vi prendido y humeando. En su cocoliche típico de inmigrante que nunca pudo formar el paladar para la lengua castellana, se animaba con pregones trémulos y afónicos
- “!Boibo!... ¡Ajo!” -y cantaba entre carraspeos melodías de un idioma indescifrable, de un lugar que alguna vez fue suyo.

Todo en ellos llama la atención a uno cuando es chico, pero el albino era un capítulo aparte. Bueno y sensible como un ángel. Mugriento y feo como un demonio. Un lastimoso y querible esperpento de persona. ¡Un croto ilustre de la puta madre, hermanito!
...Se murió de frío en una helada después de vaciar la petaca que se escondía entre las ristras de ajo y los huevos que llevaba en el canasto de mimbre. Salió en el diario, con letras chiquitas y sin foto, abajo de una propaganda de pomada para zapatos.

Cabito Ferreira espantó la amenaza del mal recuerdo con una coartada irrefutable
-Tengo los perros -dijo.
Los perros se les pegaban incondicionales y piadosos para compartir los restos de alguna bolsa de basura, o amontonarse a dormir bajo la helada. Cuando el frío apretaba los huesos, el Cabito, la Genoveva y otros como ellos se apilaban enroscados como en una orgía, y los perros se echaban encima formando una pirámide indigente de almas, trapos, pelos, garrapatas y mugre. Así pasaban la noche de un tirón con sábana de perro. Despertaban con frío, pero vivos, reacomodando los diarios que bajo el pulóver calientan la piel y rezongando por el goteo de la matriz de una perra alzada, cuyo perfume cargarán como una maldición, pateando a cuanto perro se les acerque con el miembro erecto a buscarles una pierna donde bambolearse hasta que el olor de la perra se vaya. A la noche siguiente, la hembra alzada y el séquito de perros volverán a entibiar el sueño de ellos.

Genoveva entendió que su marido, el de esta semana, no se iba a bañar por un poco de comida caliente, no esta vez. Lo dejó solo en el jardín del hospital, se encaminó a pedirle a la Martita un pedazo de pan y dedicó al cabito una frase de despedida entre dientes - Andáte a la mierda -

... Dentro de un rato ya no se van a acordar que pelearon. En algún costado al cubierto del frío, en el edificio que está frente al hospital y que nunca se terminó de construir, el Cabito va a prender fuego en un tacho y la Genoveva va a convidarlo con un pequeño bulto marrón-verdoso que él adivinará por el olor que es una factura. Entonces amontonarán papel de obra y cartones como haciendo un nido, mientras van llegando otros como ellos a medida que cae la tarde y empieza el frío, para apilarse a dormir entre los perros, que con la noche vienen a templarles el sueño...

Carlos Sandoval
Roca, Patagonia argentina
Otoño 2003